Carilda Oliver, el erotismo cubano hecho poesía

Por Guillermo Nova (dpa)

Carilda Oliver.   Foto: escambray.cu

HAVANA TIMES – La poetisa cubana Carilda Oliver escandalizó y enamoró a los cubanos con sus poemas y por una vida transgresora que siempre rompió con los cánones sociales del momento.

Oliver, que falleció hoy a los 96 años, tuvo una vida en la que primero transgredió la moral católica de la Cuba republicana y después del triunfo revolucionario de 1959 no quiso adaptarse a los cánones literarios del realismo socialista.

Carilda Oliver nació en la ciudad de Matanzas el 6 de julio de 1922 y a lo largo de su longeva carrera publicó 40 libros, muchos de ellos traducidos al inglés, francés y alemán.

Dentro de la poesía experimentó todos los registros, desde los sonetos a redondillas, cuartetas, décimas o silvas, con un verso libre que la hizo característica. Pero sobre todo rompió con los prejuicios sociales y los cánones morales.

Casi todos los cubanos en algún momento de su vida han recitado en alto sus versos más famosos: “Me desordeno, amor, me desordeno/ cuando voy en tu boca, demorada,/ y casi sin por qué, casi por nada,/te toco con la punta de mi seno”.

“Muy jovencita escribí el tal “Me desordeno” y la gente siguió desordenándose por su cuenta, pero me han echado la culpa a mí de todo”, recordaba riéndose cuando le preguntaban sobre su famoso poema.

Su actitud ante la vida le cerró puertas institucionales y durante años se aisló en el salón de su casa donde tenía un salón literario abierto a sus vecinos, en los que declamaban versos y escuchaban poemas musicalizados en directo.

Recibió el Premio Nacional de Poesía por su libro “Al Sur de mi Garganta” en 1950, pero no sería reconocida de nuevo hasta 1987 cuando le fue otorgada la Distinción por la Cultura Nacional y de nuevo el vacío hasta que recibió su segundo Premio Nacional de Literatura en 1997.

“A mí, casi siempre, los sonetos me suceden en los momentos menos oportunos. Estoy sentada en el cine viendo una película, y me viene un solo verso y me levanto y voy para mi casa a escribir, porque después se me olvida”, dijo Oliver sobre cómo era su técnica para escribir.

Sus poemas destacan por unos cierres que dejan al lector en un nivel alto de emoción. Para ello, Carilda Oliver comenzaba a escribir los sonetos por el último cuarteto y empezaba la rima de abajo hacia arriba.

“Aunque quiero besarte arrodillada,/ cuando voy en tu boca, demorada,/ me desordeno, amor, me desordeno.”, es uno de sus cierres más conocidos y que genera siempre la picardía de los comentarios.

En la década de 1940 coincidió con Fidel Castro en la Universidad de La Habana, cuando ambos eran unos jóvenes estudiantes de la carrera de Derecho. Años después, Oliver le escribió “Canto a Fidel”, cuando él ya era un guerrillero en la Sierra Maestra que luchaba contra la dictadura de Fulgencio Batista.

Pero el triunfo revolucionario de 1959 le significó a Oliver perder su empleo de abogada del Ayuntamiento de Matanzas y para seguir trabajando tuvo que incorporarse a un despacho de abogados, mientras continuaba escribiendo versos que no se publicaban.

El triunfo de la Revolución cubana significó también un desgarro familiar cuando sus padres se marcharon del país. Carilda los acompañó al aeropuerto a despedirlos y fue tanta la emoción que sintió en aquel momento que años después reconocería que se quedó “sin hablar y sin oír” durante varias horas. “Ninguno de los dos era desafecto a la Revolución, pero se iban en pos de hijos y en pos de nietos”, señaló al recordar aquellos días.

Ella prefirió quedarse sola a vivir en Cuba, siempre en su casa matancera de la calle Tirry, 81, que daría incluso nombre a uno de sus poemas. “Yo soy una palma que nací aquí y aquí tengo la raíz y no me podía, de ningún modo cortar las raíces, me quedé, eso fue todo”, dijo Oliver años después.

Sus versos de alta tensión erótica le crearon en la sociedad cubana de provincias una fama de mujer “devorahombres”, algo que ella siempre desmitificó aclarando que sus versos son un canto al amor, tanto espiritual como carnal.

“La gente quiere que yo sea como me han inventado”, señalaba Oliver sobre la imagen sexualizada que los lectores tenían de ella por sus poemas.

“A la gente le ha parecido muy natural que yo tenga romances de acuerdo con los versos que he escrito y esos versos están escritos para mis esposos, para las personas que yo he amado y que me han amado”, dijo Oliver en una entrevista con la televisión cubana.

Su vida privada fue motivo de comentarios. Estuvo casada varias veces y viuda durante años hasta que conoció a un joven admirador de poco más de 20 años. La diferencia entre ellos, de más de 50 años, provocó comentarios malintencionados sobre la pareja. Pero el amor entre ellos se mantuvo durante más de dos décadas, hasta su fallecimiento hoy.

“Me he casado tres veces. Estuve muchos años sin compañía. Luego llegó un muchacho joven a mi vida, demasiado joven. Toda la ciudad se escandalizó y yo diría que toda Cuba, cuando él empezó a visitarme”, recordaba Oliver sobre el inicio del romance entre ellos, que venció los prejuicios sociales.

Un comentario sobre “Carilda Oliver, el erotismo cubano hecho poesía

  • Sus poemas son hermosos y cargados de erotismo. Fue fiel a ella misma, autentica. Solo descartaría un poema suyo.

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