El gobierno cubano en otra batalla desleal contra los artistas

Lynn Cruz

HAVANA TIMES – A pesar de que escribí sobre las posibles causas que conllevaron a la elaboración de un decreto que criminaliza el arte, de haberme resistido a formar parte del entretenimiento político que desde hace casi sesenta años ha hecho que los cubanos y cubanas nos vayamos por las ramas en vez de ir al árbol, es inevitable volver sobre el Decreto 349.

En mi caso, estoy prácticamente naciendo como directora de teatro.  Comencé en el año 2011 junto a un amigo, investigador y antropólogo, Carlos A. García, y llegué a tener un equipo de actores, pero el poco presupuesto hizo que en vez de una obra, terminara monologando.

En esta ocasión, con el montaje de Patriotismo 36-77, por primera vez puedo materializar una obra narrada por más de un personaje, e interpretada por varios actores.

Entre las influencias, corrientes, tendencias que me interesan están las bases del teatro postdramático. Esencialmente, de las ideas que me he apropiado en la búsqueda de un lenguaje, se encuentra el hecho de que cualquier persona pueda ser un actor y cualquier lugar un escenario.

Es por esa razón que emprendí este viaje con el artista visual Luis Trápaga, a donde después se sumó la estudiante de humanidades Juliana Rabelo. Ambos han sido víctimas de represión y censura, tema principal en Patriotismo 36-77

Entonces, al estudiarme el manual estalinista que de manera perversa se ha confeccionado contra los artistas, en la llamada actualización de un sistema sin nombre, me doy cuenta de que el teatro que quiero hacer no está incluido en los incisos que conforman ese decreto.

O sea, estoy en un limbo dentro del propio limbo, porque a la vez entre las ambigüedades del decreto se encuentra, que aun cuando un proyecto no se geste dentro de una institución, necesitas su autorización para poder mostrar tu obra.

Es decir, que deberás estar institucionalizado. No hay posibilidades para el arte independiente. Aun cuando el Consejo de las Artes Escénicas, que rige el teatro, demostró ser un antro de corrupción administrativa, a pesar de los privilegios de los que gozan sus dirigentes. Pero los artistas son los presuntos delincuentes solo por el hecho de ser autónomos.

Un detalle importante es que en el Decreto 349 se repite mucho la frase prestación de servicios, así como la palabra comercialización.

Hoy la persecución en Cuba al pensamiento, no tiene nada que ver con una ideología, sino con las demandas del mercado.

El Gobierno cubano, como dueño absoluto y totalitario de la economía, no quiere competencia.

Los independientes constituyen una amenaza a las instituciones, sencillamente porque estas a duras penas se sostienen gracias a la exportación de su ideología, que entra en crisis cuando desde los márgenes se goza no solo de libertad creativa, sino financiera.

No me interesa tener una sede para un grupo de teatro, porque mi búsqueda no está dentro de un espacio escénico enmarcado por la burocracia de una institución.

El teatro que me hace vibrar está en las calles. En el rostro triste de un anciano. En la cola del pan. En los restos de los árboles talados. En las salas de las familias cubanas.

Mi idea es continuar haciendo un teatro de manera itinerante, que realmente me conmueva y me conduzca a asumir el esfuerzo que conlleva el montaje de una obra de teatro.

Recién acabo de terminar un crowdfunding creativo para la producción de Patriotismo 36-77. Hacerlo constituyó un verdadero reto para mí. Es la segunda vez que puedo tener presupuesto para crear fuera de las instituciones. Fuera de una política que da luz verde al censor, para arrasar con el pensamiento intelectual cubano.

Lynn Cruz

No es el arte el que imita a la vida, es la vida la que imita al arte”, dijo Oscar Wilde. Y es que el arte siempre va un paso más adelante. Soy actriz y escritora. Para mí el arte, en especial la escritura, es un modo de exorcizar los demonios. Es algo íntimo. Sin embargo, decidí escribir periodismo porque me di cuenta de que yo no existía. En Cuba sólo tienen derecho a expresarse públicamente, las personas autorizadas por el gobierno. Havana Times constituye un ejemplo de convivencia dentro de una democracia y puesto que me considero demócrata, mi sueño es integrar la filosofía de este diario a la realidad de mi país.

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