El curso escolar cubano: ¿las marcas o el conocimiento?

Por Jorge Milanés

HAVANA TIMES – Es cierto que la educación en Cuba es gratis, pero el comienzo del curso escolar suscita, como de costumbre, la movilización de muchas familias para la búsqueda, no tan fácil, de los artículos escolares.

En el caso de las niñas son muy gustadas las mochilas, merenderos y cartucheras con símbolos de princesas o frozzen, devenidas de los dibujos animados que ven en la TV, en tanto es un reto el precio a pagar por ellos.

No obstante, muchas familias hacen los mayores esfuerzos para satisfacer a los estudiantes.

Otro tanto ocurre con los uniformes, forros para libretas, gomas de borrar y portaminas, sin contar los zapatos que muchos estudiantes quieren llevar a la escuela, los de marca.

En cualquier caso, no se puede negar que hay un gran entusiasmo en torno a este comienzo, pero algunos padres también enmascaran los verdaderos objetivos del aprendizaje con símbolos comerciales.

Una amiga panameña hace unos días me comentó que allá la educación es gratis y que el sistema educacional paga 20.00 dólares mensuales a los educandos, y es de estricto cumplimiento que los estudiantes porten el uniforme diseñado para ello.

Me acordé de mi adolescencia, cuando la escuela exigía ir con el uniforme y artículos establecidos. Las    marcas comerciales no estaban tan de moda, solo algunas de zapatos o tenis traídos por algún miembro de la familia, pero para evitar diferencias entre compañeros, no se podía ir con ellos.

Si llevaba algún símbolo discordante, que no fueran los patrios, implicaba que no podía entrar a la escuela, en consecuencia, tenía que llevar a mi madre o padre para aclarar la situación.

Eran tiempos en que la conciencia priorizaba el aprendizaje académico y no las luchas por ver quién llevaba las mejores marcas de zapatos o mochilas.

Con las actuales intenciones, veamos cuánto aprenden de lo académico.

Jorge Milanes

Jorge Milanes: Soy animador turístico y relacionista público. Hace 45 años que nací en un pequeño pueblo costero del este de la Habana llamado Cojímar. Me gustan mucho los viajes y las aventuras, ya conozco bastante sobre mi país y me gustaría conocer otras naciones. Disfruto leer, cantar, bailar, la alta cocina y hablar con gente interesante, que brinde sabiduría y alegría.

Un comentario sobre “El curso escolar cubano: ¿las marcas o el conocimiento?

  • Desde el mismísimo primer párrafo de este artículo, perdí todo el interés por lo que se comunica después.

    Sr Milanés:

    En Cuba el acceso a la instrucción escolar está condicionado por una ideología. De manera que podríamos afirmar que, más que gratuita, es “ideológicamente obligatoria”.

    Obligatoria por cuanto el estudiante, desde niño, no tiene más alternativa que asistir a las escuelas del Estado. De un Estado totalitario que impone a los alumnos la política que le es afín, sin opciones.

    Desde esa edad, el estudiante, antes del inicio de las clases debe jurar con la mano en alto: “¡Seremos como el Che!”. Jurar en favor de ser como un asesino. Lo antes dicho es un cobro, y bastante caro, carísimo, de la educación que reciben. Puesto que aún tienen que mentir en caso de que sientan ser como sus padres, o como ellos mismos.

    El niño debe asistir a las “actividades políticas” que se realizan en su escuelita. De lo contrario, su expediente escolar podría quedar manchado. Y con un expediente “oscurecido” en lo que se refiere al “aporte a la patria” (la Patria es el Gobierno para ellos), su futuro puede verse complejo. Podría encontrarse en situación desventajosa a la hora de clasificar para determinada carrera estudiantil a la que aspire.

    Sin olvidar las escuelas al campo y las escuelas en el campo. Para narrar las consecuencias negativas que ambas modalidades trajeron para la sociedad en el orden moral, ético o cívico se necesitarían cientos y cientos de cuartillas.

    Aún en la actualidad ocurren expulsiones de las universidades: las de aquellos alumnos que se manifiesten, si bien de manera pacífica, en desacuerdo con los “preceptos de la Revolución”.

    O sea, no han tenido más opción.

    De nuevo, la pregunta: ¿Proveemos algo en verdad desinteresadamente si exigimos que se cumplan nuestras normas?

    Para terminar.

    Mis padres en Cuba sí tuvieron que pagar cada centavo de su salario para que yo fuera a la universidad, ellos pagaron durante sus vidas, como fuerza de trabajo primero, y como jubilados para que yo pudiera asistir a las escuelas. Cada mes recibían sus salarios y sus “pensiones” más tarde, que cada período, durante sus vidas, llegaban recortados, con impuestos, con tributaciones… y no nos lo hacían saber. Ellos no desembolsaron la suma de sus bolsillos, pero indirectamente se les descontaba de sus salarios y pensiones que apenas llegaban a los quince (15) dólares mensuales. Pagaron por mis estudios, por los de los otros, por todo lo demás y no solo por los 18 años que duró mi educación… ¡pagaron todas sus vidas para que el desgobierno usara la “gratuidad de la educación” como un logro que nunca fue en realidad, gratis!

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