La Felicidad que buscamos

Verónica Vega

Ahasuerus at the end of the world. Adolph Hiremy Hirschl

HAVANA TIMES – Hace unos meses vi un documental sobre Serguei Polunin, un prodigioso bailarín ucraniano, que, en la plenitud de su carrera, sintió la punzada del hastío, y renunció a la plaza de primer bailarín del Royal Ballet de Londres, que había alcanzado con solo 19 años. Tuve el impulso de escribir sobre la relatividad del éxito, pero lo pospuse.

Días más tarde vi The Escape, una película inglesa sobre una joven que, asfixiada entre la presión de la maternidad y la monotonía del matrimonio y el confort, huye del hogar, dejando incluso a sus niños. Pensé entonces escribir sobre las paradojas de la seguridad. Pero también lo postergué.

Hoy supe que una amiga muy querida murió, luego de una bestial batalla contra el cáncer de mamas. Intento escribir sobre la paradoja de la existencia, pero no sé si pueda.

Todo lo que consigo entrever en mi mente son flashazos de sus sueños: poder vivir de su salario con dignidad, ejerciendo lo que estudió y le apasionaba desde niña, la enfermería. El orgullo por su licenciatura y diplomados, su eficiencia, la infinita gratitud de sus pacientes, su actividad febril, su voluntad inflexible ante los obstáculos, su capacidad para prever, solucionar, contagiar la fe.

Y esta paradoja me resulta aún más escandalosa, por su parecido con la fórmula cliché para alcanzar el éxito, la seguridad, la dicha.

La destrucción que produce una enfermedad como el cáncer no tiene un ápice de poesía. Devasta hasta el extremo de la despersonalización. Incluso los dolientes o testigos nos quedamos con la sensación de haber sido timados.

¿Quién es el responsable de esa estafa?

 ¿La vida? ¿El azar que nos conduce en un desquiciado magnetismo?  ¿Cada cual, por el mal uso del libre albedrío? ¿La sociedad, porque incita y promueve el hipnotismo de consumir años y décadas, en arrebato, ignorando la finitud de ese espejismo?

¿De qué sirve una voluntad férrea que solo viaja rumbo a la aniquilación? ¿Adónde va a parar esa fuerza que nos impulsa a luchar, transformar, dominar, hasta con la violencia?

Gianlorenzo Bernini – Muerte de la beata Ludovica Albertoni

Recuerdo que cuando veía Dancer, esperaba una aburrida apología de virtuosismo y fama. Me sorprendió mucho la profundidad del enfoque. El mismo inicio del documental, donde el bailarín ingiere una droga frente a la cámara y confiesa que por el efecto, hasta su actuación pasará como un vértigo, sin recordarla. Las escenas donde se aprecia cuánto se explota y martiriza un cuerpo en función de un vuelo de minutos. El sacrificio de la familia por ese sueño de gloria y prosperidad en el que se ignoran los vacíos interiores.

The Escape, la película inglesa, aborda otra forma del hastío: adónde va a parar la pasión entre los ritos del bienestar, la responsabilidad, la costumbre, el tedio hasta por la satisfacción del instinto. 

Sin embargo, cómo faltan películas donde se muestre descarnadamente esa burla constante de los hechos sobre toda nuestras fantasías y elucubraciones. La realidad aplastante contra el futuro construido en nuestras mentes.

Esa responsabilidad la tiene directamente la familia, la sociedad, la educación. Si la filosofía aceptada como válida es el materialismo, con más razón sería consecuente abordar con objetividad el tema de la muerte, sin eufemismos. Admitir el frenesí con que viajamos dentro de este molde de materia, en ceguera absoluta, tener presente que el viaje puede interrumpirse en cualquier momento.

Educación y medios deberían enfatizar sobre la inconsistencia de este cuerpo sólido, tangible, que pomposamente esgrimimos como prueba de existencia. La incongruencia entre lo que se espera y lo que se encuentra. El aturdimiento ante la repentina desaparición, más que del cuerpo, del misterio simplificado en el término “presencia”. Con su carga de recuerdos, sentimientos, la herencia de objetos personales que ya no atestiguan nada.

En lo personal, sé que la muerte es el ocaso en un mundo (o estado) y un amanecer en otro, pero viviendo en un entorno donde solo se valora la evidencia científica, me pregunto por qué ni siquiera la ciencia se responsabiliza por tantas paradojas que nos afectan.

Deberíamos reajustar los conceptos de felicidad, seguridad, éxito. Porque hasta a los gobiernos y monopolios les llega su turno de enfrentar la gran estafa de la vida, a la que no podrán demandar, ni para con la indemnización, engrosar los espejismos de sus sobrevivientes.

Veronica Vega

Verónica Vega: Creo que la verdad tiene poder y la palabra puede y debe ser extensión de la verdad. Creo que ese es también el papel del Arte, y de los medios de comunicación. Me considero una artista, pero ante nada, una buscadora y defensora de la Verdad como esencia, como lo que sustenta la existencia y la conciencia humana. Creo que Cuba puede y debe cambiar y que sitios como Havana Times contribuyen a ese necesario cambio.

2 comentarios sobre “La Felicidad que buscamos

  • “sé que la muerte es el ocaso en un mundo (o estado) y un amanecer en otro”. Salvo esta oración, siento que las demás palabras me hablan al corazón. Personalmente confío en que no haya amanecer. Me volvería a morir, en este caso de la decepción. Gracias, Verónica, por tus bellas palabras

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  • Vero, qué triste la historia de tu amiga. Es muy duro cuando perdemos a un amigo por cáncer o cualquier otra enfermedad. Yo también creo que debe haber una vida después de esta, algo diferente, quizás mejor. Ojalá ya ella la esté disfrutando.
    No creo que la seguridad o el éxito causen de por sí tedio o vacío interior. Pienso que cada cual, según su posición en el mundo, quiere que su labor sea reconocida, ya se trate de las personas que mantienen limpio un local, haciendo la vida más agradable para los que lo frecuentan, o de las celebridades que vemos por la tele. Cada uno quiere tener “éxito,” que no siempre se traduce en reconocimiento público o en dinero. Y sin seguridad es casi imposible tener una vida plena, no digamos creativa. Cierto que hay quienes se sienten bien viviendo al borde del abismo, pero la mayoría de la gente prefiere tener asegurado un techo, un salario, la comida del mes…con eso y el amor de la familia se llega a lo que llamamos, a falta de otra palabra mejor, la felicidad, aunque sea pequeñita y efímera.

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