La odontología en Cuba y pagar por correr riesgos

Dariela Aquique

Foto: www.tvyumuri.icrt.cu
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HAVANA TIMES — Leyendo el post Atención estomatológica en Cuba se privatiza por vías ilegales, escrito por Daniel Palacio Almarales.  No tuve a más que hacer este comentario, donde pretendo corroborar de lo que habla Daniel. Y lo haré a partir de una experiencia personal bien reciente.

Hace apenas veinte días, empezó a darme molestias un cordal inferior. Años antes, tuve que empastar el molar a causa de un accidente, mientras merendaba un aparente inofensivo bocadito de queso fundido en una cafetería estatal.

No se sabe cómo, en medio del emparedado apareció una piedra que hizo pedazos a mi muela del juicio. De inmediato fui a mi policlínico, pero como siempre no había la amalgama.

Empecé a preocuparme, pues la rotura era espacio idóneo para que aparecieran caries. Pero no de tan mala suerte andaba, que en solo tres días ya estaba siendo reparada en el Hospital Militar, gracias a una amiga que me resolvió (que quede claro).

Era el único lugar de todas las clínicas y hospitales de la ciudad donde parecía haber mixtura dental. No obstante la estomatóloga que me hizo la reparación me aclaró que ese no era un muy buen material y que con los años empezaría a filtrar. Después de dos años, se cumpió el mal augurio de la doctora y mi cordal empezó a doler.

La respuesta en el policlínico otra vez sería que no había material y que solo se estaba atendiendo a embarazadas o daños por accidentes graves. El mismo texto en dos clínicas más. Y por supuesto que después de tres noches de martirizante dolencia no quedaba para mí otra opción que la asistencia privada.

Un amigo me llevó a un dentista jubilado que se dedica a esta práctica de manera clandestina. Pero en su caso, parece no haber hecho el capital necesario para crear mejores condiciones. O que la fuente que le suministra los instrumentales tiene dificultades para sustraer el material esterilizado y demás accesorios.

Pero mi dolor era más fuerte que ponerme a medir los riesgos si dejaba aquel señor, aun sin tener guantes, ni desinfectar con alcohol la zona del pinchazo para anestesia, extrajera de una vez y por toda la bendita muela.

Temeraria, abrí la boca y en apenas unos minutos ya estaba fuera de aquel triturador de grandes raíces. El alivio fue inmediato; hasta algunas horas después cuando terminó el efecto del anestésico. Para colmo de males, a eso le siguieron cuatro días más de dolor, porque apareció una infección donde antes dolía el cordal.

Tuve que hacer un ciclo de antibióticos y muchos enjuagues con antiséptico bucal. Afortunadamente ya estoy totalmente sanada y ni rastro de dolor, después de una patética semana.

De todas maneras, fue absolutamente mi responsabilidad someterme a la extracción, amén de los peligros por la evidente falta de condiciones. Pero en aquel momento todo era preferible a tener que pasarme quizás un mes yendo al policlínico inútilmente.

Como verán, a lo dicho por Daniel debe agregar no solo que la atención estomatológica en Cuba se privatiza por vías ilegales, sino que la ineficiente atención estomatológica en Cuba puede provocar que en esa privatización ilegal se corra serios riesgos.

Dariela Aquique

Dariela Aquique: Recuerdo mis años de estudiante como Bachiller, aquella profe que interrumpía la lectura de obras y con histrionismo sorprendente hablaba de las posibilidades reales de conocer más la verdad de un país por sus escritores, que por crónicas históricas. De ahí mi pasión por las letras, tuve excelentes profesores (claro, no eran los tiempos de maestros emergentes) y la improvisación y el no dominio de la materia quedaban descartadas. Con humildes pretensiones y la palabra de coartada quiero contribuir a mostrar la verdad de mi país, donde la realidad siempre supera a la ficción, pero donde un estilo novelesco envuelve su existencia.

2 comentarios sobre “La odontología en Cuba y pagar por correr riesgos

  • Terrible situación, Dariela. Y luego para colmo contemplar inerme como un problema conduce a otro y no aparece salida airosa alguna. Lo que me extraña es que te quedaras tan tranquila después de sufrir el “tropiezo” con la piedrita. Era razón suficiente para montarle un escándalo a la administración de la cafetería de marras. Y digo escándalo, porque en nuestra isla aún no se estila ponerle una reclamación judicial a un centro gastronómico, tal como sucede en tantas otras partes. Y con todo derecho.

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